lunes, 5 de abril de 2010

Los peñones españoles


Cuando uno piensa en los peñones españoles, rápidamente uno piensa en un par de ellos. El primero es el Peñón de Gibraltar y el segundo de ellos, ya un poco más escondido es el Peñón de Ifach, en Alicante.

El Peñón de Ifach es una roca natural unida con un istmo a tierra y con una altura de 332 metros, y que dadas sus características naturales, fue declarado Parque Natural. El Peñón, de 41 Ha, está deshabitado y es una de las joyas de la costa alicantina.

Sin embargo, aunque efectivamente España tiene dos peñones principales, algo falla. Es evidente que el Peñón de Gibraltar no está bajo la jurisdicción española, pero tenemos un sustituto: el Peñón de Vélez de la Gomera.

Este peñón tiene el nombre de las dos mentiras, porque ni está en Vélez ni está en la Gomera. Es una roca de sólo 87 m de altura y 19.000 m2 situado en el norte de África a casi medio camino entre Ceuta y Melilla. Fue conquistado para España en 1508 (¡¡apenas 16 años después que el reino de Granada!!) y desde entonces ha sufrido varias visicitudes amparadas en las sucesivas guerras en el norte de África.

Como curiosidad decir que está habitado (en su interior hay un regimiento de regulares) y que desde siempre había sido una isla hasta que un terremoto en 1930 unió el Peñón a tierra a través de una lengua de arena.

Hay que hacer mención a otro "suplente", la isla de Alhucemas. Situado unos 50 Km más al este que el anterior, es otra posesión española en el Norte de Africa. Fue cedido a España en 1560 y ocupado definitivamente en 1673. Técnicamente no es un peñon, pues no está unida a tierra, pero es una gran roca cercana a tierra, como si fuera un barco eternamente encallado. También vive un regimiento permanente de regulares.

Por último, ya que estamos, recordar que hay más trocitos de España en el Norte de África: Las Islas Chafarinas, La Isla de Alborán y el muy famoso Islote Perejil.

Al final, efectivamente España tiene un par de peñones, pero no son los que a todos se nos viene a la cabeza...

viernes, 2 de abril de 2010

Un desorden que salvó vidas


Hay veces que el desorden genera acciones que bien interpretadas puede llegar a ser vitales en la historia del ser humano.

Es el caso de lo que sucedió el 28 de septiembre de 1928 en un sótano del hospital de St. Mary en Londres. Allí investigaban una serie de doctores, y en concreto uno, llamado Alexander Flemming, que no eran precisamente ordenados y que solían comer sandwiches en el mismo laboratorio.

Ese día, el Sr. Flemming regresó después de 1 mes de vacaciones y nadie había tocado su laboratorio, así que los restos de comida y migas de pan deberían seguir allí. Por suerte, algunas de esas migas cayeron sobre las muestras donde estaba investigando sobre los bacilos que provocaban diferentes enfermedades, y se produjo lo que se suele producir: el pan se puso verde.

Cuando Flemming vio la muestras, se dio cuenta que algo extraordinario había pasado y que había que investigarlo: los bacilos habían muerto. Allí no había tocado nadie, salvo el moho del pan, así que ahí debía estar la respuesta.

Flemming ya suponía que los hongos y las bacterias no se llevan muy bien, pero no había dado con ninguna razón, pero ahora tenía un claro ejemplo de hacia donde buscar y era, especialmente, en el moho del pan. Tenía delante suya la respuesta y sólo había que dar con ella.

Y afortunadamente, la encontró: acababa de descubrir la Penicilina. La penicilina ha cambiado la historia de la medicina, salvaría millones de vidas durante el siglo XX y es uno de los grandes motivos de orgullo de la investigación del ser humano. Y todo gracias a que era un desastre en el orden y la limpieza y a que era lo suficientemente inteligente como para interpretar qué había pasado con sus muestras, claro.

Como curiosidad, añadir que la penicilina, aunque no se sabía lo que era, se usaba desde hace mucho tiempo en muchos sitios. En la provincia de Almería, era tradición durante el siglo XIX que una mujer, cuando se quedaba embarazada envolvía un pan en un paño húmedo y lo escondía en un lugar húmedo y oscuro hasta que naciera el niño. Y justo después del parto se lo debía comer. Debía ser asqueroso, cierto, pero curiosamente se salvaban más mujeres que lo hacía que las que no lo hacían. Era considerado como una superstición, pero no, ya sabemos que había algo de científico.

lunes, 29 de marzo de 2010

Enclaves, en tierra de nadie.

Hace tiempo, mi hermana Palma me propuso que hablara del Condado de Treviño. Me gustó la idea y aquí está, aunque un poco cambiado.

Siempre me he llamado la atención los enclaves. Son terrenos pertenecientes a una jurisdicción, pero que está completamente rodeada de otra jurisdicción diferente. El condado de Treviño es un ejemplo claro, pero no el único.

El condado es un terreno incluido en el interior de la provincia de Álava (País Vasco) que pertenece a Burgos (y por tanto, a Castilla y León). Realmente no es un único municipio, sino dos "El condado de Treviño" y "La Puebla de Arganzón" pero este segundo es mucho más pequeño y se conoce a todo el enclave con el nombre del primero generalmente.

Este es quizás el enclave más conocido de España, porque ha sido tradicionalmente un foco de disputa, pues los partidos vascos han reclamado que el territorio formara parte de Álava, pero no es algo sencillo y no parece que vaya a realizarse.

Pero hay más. El segundo más conocido quizás sea el Rincón de Ademuz, que pertenece a Valencia pero que se encuentra entre Teruel y Cuenca. Este terreno es valenciano desde su incorporación por el rey Jaime I el Conquistador en torno a 1250. Está formado por 7 municipios y su capital es Ademuz. Curiosamente, aunque pertenece a Valencia es un área monolingüe castellana.

Sin embargo, también hay otros enclaves que están en otros países. Es el caso de Llívia. Llívia es un municipio perteneciente a Girona que se encuentra enclavado en Francia. Es español desde el Tratado de los Pirineos, en 1659, cuando España cedió a Francia el Rosellón y territorios colindantes, con la excepción de este municipio. Es un pequeño municipio de 12 Km2 y poco más de 1.500 habitantes, pero que depende a todos los efectos de la jurisdicción española.

Esta circunstancia es bastante habitual, aunque parezca mentira, en todos los paises. Hay muchos famosos por el fútbol (San Marino), otros por desgraciados incidentes (Lesotho, en Sudáfrica), pero quizás el que más me ha llamado la atención es Kaliningrado.

Kaliningrado es el nombre actual de Konigsberg, famosa por el problema de los 7 puentes y por ser la patria chica de Emmanuel Kant, filósofo del siglo XVIII. Casi durante toda la historia Konigsberg fue prusiana hasta que se produjo la unificación alemana en 1871, a la que pasó a formar parte.

Esta zona ha estado siempre envuelta en miles de visicitudes de guerras y conflictos, y este en particular, formando parte de un estado (Prusia) que dejó de existir después de la Segunda Guerra Mundial, en 1947, cuando fue dividida en dos partes y anexionada la parte más meridional a Polonia y la septentrional a la Unión Soviética.

La zona de Kaliningrado se encuentra rodeada completamente por Lituania, pero la Unión Soviética nunca la anexionó a ese territorio y al producirse la disgregación de la URSS, se mantuvo como parte de Rusia, hasta hoy.

Como última nota curiosa decir que el concepto enclave está recogido dentro de la legislación vigente de ordenación geográfica y no están cosideradas como meras excepciones.

domingo, 28 de marzo de 2010

Los españoles también damos héroes


Siempre me había llamado la atención de una plazoleta que hay cerca de donde vivía de pequeño y que llamaba cuatro vientos. Estando en Algeciras, siempre pensé que se refería a los cuatro puntos cardinales, pero me extrañaban dos cosas: la primera es que el Algeciras predominan dos vientos: Levante y Poniente y que la calle de justo al lado se llamaba Rayos X.

Dos calles tan contiguas tenían que tener alguna relación, y efectivamente, la tenían. Investigando me encontré con la historia del Cuatro Vientos y su relación con los rayos X: eran más o menos contemporáneos.

En 1927 un estadounidense llamado Lindbergh consiguió 27.000 dólares con los que se premiaban el atravesar el atlántico sin escalas. Lindbergh atravesó desde París a Nueva York en 33 horas y digamos que fue el punto álgido de la edad de oro de la aviación.

En ese momento unos españoles de la escuela de observadores de Cuatro Vientos decidieron dar un paso más y batir el record de Lindbergh: ahora se quería atravesar el atlántico pero por su travesía más ancha: desde España a Cuba.

Para ello se creó un avión para tal hazaña (el Avión Cuatro Vientos) y se eligió como pilotos al Capitán de Ingenieros Mariano Barberán y al piloto Joaquín Collar y como apoyo en tierra se eligió al mecánico ingeniero Modesto Madariaga, gran conocedor del aparato que se iba a utilizar.

Partieron del aeródromo de Tablada, en Sevilla (que hoy en día ya no existe) y tardaron 39 horas en llegar al aeródromo de Camagüey, en Cuba. Siguieron la ruta establecida a medias, pues el piloto Collar se sintió indispuesto y decidieron un pequeño cambio sobre la marcha que curiosamente significó el éxito de la travesía, pues recortaron 5 horas de camino, lo que significó llegar al destino, ya que llegaron con combustible suficiente para sólo una hora más, por una grieta en el depósito principal.

En Cuba se recibieron como héroes. Fue un acontecimiento de primer orden a todos los niveles, pues significaba la mayor travesía sobre mar realizada hasta la fecha.

Allí pasaron unos días de agasajos y halagos, mientras Modesto Madariaga se afanaba en solucionar la grieta del depósito.

Pero el vuelo no acabó allí. Estaba previsto su salida hacia Ciudad de México, y a pesar del clima se realizó. Pero como nos pasan a los españoles, no somos héroes si no acabamos en tragedia. Y así fue.

Salieron de La Habana a los pocos días y unas horas después se perdió el contacto con el avión en un punto sobre Guatemala o México. Nunca se encontró. Parece ser que tuvieron que realizar un aterrizaje forzoso ante una tormenta (¿huracán?) muy fuerte, pero no se hallaron restos y no se sabe a ciencia cierta qué sucedió.

Sin embargo quedará para la historia los héroes españoles de la aviación y su historia del "Avión Cuatro Vientos".

jueves, 25 de marzo de 2010

La responsable del desagravio a Plutón


Desde pequeño había aprendido que había 9 planetas en el sistema solar: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón.

Sin embargo, la sorpresa surgió en 2006 cuando la Unión Astronómica Internacional decidió que Plutón dejaba de ser un planeta y se convertía en planetoide o planeta enano.

Hubo varios responsables de este desagravio a Plutón, pero el principal fue Xena. Xena (o Eris, diosa griega de la discordia) es un astro descubierto en 2005, con una órbita muy excéntrica y situado más lejos que Plutón (entre 30 y 50 veces más lejos que la Tierra del Sol), ya dentro del cinturón de Kuiper (que es una zona en los finales del sistema solar con multitud de astros).

Dado que Eris es más grande que Plutón (2.400 Km aprox de diámetro) y con más masa, lo que la hacía candidata de lleno a ser el planeta X. Sin embargo, por su situación y su excentricidad, hacerla planeta era abrir la caja de los truenos. O se sacaba a Plutón o se metían a Eris y varios más en una lista que pasaría a ser interminable.

Y se decidió que Plutón dejara de ser planeta y para ello se establecieron tres criterios, aprovechando uno que sólo Plutón no cumplía entre los oficiales. Plutón tiene una luna, llamada Caronte, que es tan grande y está tan cerca que no gira alrededor del planeta, sino que los dos giran en torno a un punto intermedio (más cercano de Plutón que de Caronte). Es como dos huevos de distinto tamaño pegados rodando.

Y entonces, la UAI decidió que los planetas tenían que tener masa suficiente como para "limpiar" su órbita de otros astros, dejando así a Plutón fuera de la lista.

Por cierto, aunque Eris es su nombre oficial, los descubridores, seguidores de la serie de TV "Xena la princesa guerrera", decidieron bautizarlo con ese nombre. Pero lamentablemente, no prosperó, aunque aún se le conoce así.

lunes, 22 de marzo de 2010

El primer animal en un altavoz


La historia de hoy nace en 1992, justo antes de la Expo de Sevilla. El periódico El Pais, lanzó una campaña patrocinada por la Expo para el verano que consistía en un cuestionario de 100 preguntas bastante complejas y había un mes para contestarlas.

Poco a poco fueron saliendo pistas y entre ellas y la curiosidad buscando respuestas conseguí contestar casi todas.

Pero hubo una que quedó marcada en mi cabeza para siempre: "¿Cual es el primer sonido grabado en un disco?"

En aquella época no existía internet y encontrar cosas así era muy complejas. Pero lo encontramos.

El responsable de este sonido, como de otros múltiples inventos, hoy cotidianos era Thomas Edison, un fenómeno de la invención que debería ser más estudiado. Edison, sin estudios (fue expulsado de la escuela a los 8 años por lento e improductivo), fue el empeño de su madre quien lo educó y siempre tuvo un enorme sentido práctico, lo que le permitía utilizar los medios que tenía a su alcance para realizar artilugios que facilitaran su tarea.

Así, registró 1.093 patentes, de toda índole y no todas útiles, para que engañarnos. Sin embargo, hubo algunas que francamente cambiaron el mundo.

Alexander Graham Bell había inventado en 1876 el teléfono, pero no era muy práctico, porque se hablaba y se escuchaba por el mismo sitio. Edison cogió el artilugio y lo mejoró, incluyendo el micrófono y auricular que hoy conocemos (evidentemente, mucho más rudimentario). Justo un año más tarde, en su laboratorio de Menlo Park utilizó el artilugio para grabar un sonido en un disco de aluminio.

Imaginaros el momento: laboratorio pequeño con poca gente y con un recién parido fonógrafo que hay que probar... ¿y qué se le ocurrió decir? Pues la típica chorrada que diría cualquiera, lo primero que se le viene a la cabeza. Y lo que se le vino fue una canción infantil muy conocida en EEUU: "María tenía un corderito // con lana como la nieve//...".

Y sí, funcionó, cuando lo intentó reproducir sonó su voz repitiendo exactamente esa frase. Y quedó para la posteridad: la primera frase dicha en un reproductor era "María tenía un corderito".

A veces se piensa que estos inventos que cambian el mundo merecen una "inauguración" mejor, pero ¿puede haber algo mejor que la verdadera humanidad de un genio?.

sábado, 20 de marzo de 2010

La cima del barroco portugués


Como ya he comentado alguna vez, Lisboa y su entorno son unos de mis lugares favoritos. En la entrada de hoy quiero hablar sobre una ciudad y su palacio, considerado por muchos como la cima del barroco portugués y que para mí es muy especial, por motivos obvios.

"El Escorial Portugués" es como lo llamaron. Un sitio precioso muy cercano a Lisboa (30 km) donde crearon este palacio convento mandado construir por D. Juan V de Portugal, por una promesa que realizó a su mujer, Mª Ana de Austria, que le prometió un gran palacio si le daba descendencia.

Y así fue, nació su hija la princesa Bárbara y el rey se vio obligado a construirlo.

El 17 de noviembre de 1717 comenzaba la construcción del palacio, magnífico con 6 ejes simétricos y aunque al principio estaba pensado para algo liviano (13 frailes) el dinero que llegaba de Brasil era suficiente para que no hubiera agobios y se decidió cambiar y construir un gran palacio, para 330 frailes.

Fue inaugurado en 1730 y aunque nunca fue ocupado de forma estable por los reyes portugueses, sí fue una parada bastante habitual para los reyes portugueses.

Posteriormente, en 1834 se disolvieran las órdenes religiosas en Portugal, el palacio se abandonó por los monjes y quedó a uso de la casa real únicamente.

Como dato curioso, este palacio fue el último lugar que pisó un rey portugués en su propia tierra, pues fue desde donde Manuel II (último rey portugués) marcho a su exilio en 1910.

El palacio en sí es majestuoso, inmenso y con multitud de aposentos. Dispone de 4.500 puertas y ventanas y 114 torres campanarios con 2 campanas de 12 toneladas cada una en cada torre. Su basílica es de 65 metros de largo y 70 de alto, una de las mayores de Portugal. Además dispone de una importantísima biblioteca con más de 40.000 libros raros.

Para los que aún no sepan de dónde estoy hablando, como dato curioso, es el Palacio Convento de Mafra, en la ciudad costera del mismo nombre.

Evidentemente, muy especial para mí.